Fondo Pro Cuenca Valle de Bravo trabaja por la salud de la presa

 

El pasado jueves 7 de junio se anunció el cierre temporal de la navegación a motor en la presa de Valle de Bravo, en el estado de México, debido a que el agua que está bombeando el sistema Cutzamala a Toluca y la Ciudad de México llega con un olor y sabor desagradable que se debe a las altas concentraciones de la microalga Anabaena.

Esta Cuenca es la principal abastecedora de agua del sistema Cutzamala: aporta el 10% de volumen de agua que se consume diariamente en la zona metropolitana de la ciudad de México y una parte importante del consumo de la ciudad de Toluca, lo que equivale a la provisión de un promedio de 6 mil metros cúbicos de agua por segundo.

El crecimiento de esta y otras microalgas (o cianobacterias) se debe, principalmente, a la presencia de fosfatos, sustancias químicas que son parte de los detergentes domésticos y que llegan a la presa por las descargas directas de aguas negras.

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Más allá de eso, estudios indican que la presa Valle de Bravo se encuentra en proceso de eutroficación, un proceso en ecosistemas acuáticos, especialmente en lagos, caracterizado por un aumento en la concentración de  nutrientes como nitratos y fosfatos, con los consiguientes cambios en la composición de la comunidad de seres vivos. Esto provoca la aparición de grandes cantidades de materia orgánica cuya descomposición microbiana ocasiona un descenso en los niveles de oxígeno. La eutrofización se produce en muchas masas de agua como resultado de los vertidos agrícolas, urbanos e industriales. Y los lagos eutroficados son lagos muertos, de mal olor, y de poco o nulo interés turístico.

La crisis que ahora se presenta era esperada. Es resultado de años de omisiones gubernamentales, lo que se ha traducido en obras de saneamiento sin terminar, presupuestos no ejercidos y que no sea obligatorio conectarse a la red de drenaje, y también producto del desinterés por nuestro entorno y el poco o nulo interés en el destino de los desechos que generamos.

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El cierre ha significado un fuerte golpe a la economía regional que depende en gran medida del turismo generado en torno al lago. En la región de Valle de Bravo es clara la relación entre ecosistemas sanos y desarrollo económico, entre un lago limpio y el ingreso y el empleo.

Las autoridades han iniciado pláticas para encontrar soluciones a los impactos de la crisis. Se han pagado compensaciones. Pero es momento que se combatan las causas de la contaminación y no sólo sus efectos. Que se hagan las obras necesarias para eliminar las descargas directas de aguas negras a la presa. Que se regule la venta de detergentes en la zona. Que se ejerzan los presupuestos destinados a obras de saneamiento.

El 12 de junio, el Gobernador del Estado de México encabezó una reunión a la que convocó CONAGUA y donde participaron también la SCT, el ayuntamiento de Valle de Bravo, prestadores de servicios turísticos, organizaciones civiles como el Fondo Pro Cuenca Valle de Bravo y habitantes del municipio, donde se perfilaron acciones para disminuir el impacto económico en la región. Fondo Pro Cuenca Valle de Bravo se comprometió a seguir con el trabajo diario de atender el deterioro ambiental de la parte media y alta que también impacta en la calidad de la presa con una visión de sustentabilidad y con la mejora de las condiciones de vida de los habitantes de la región.

Concretamente, entre las acciones a realizarse se encuentran: Construcción de cosechas de agua de lluvia, construcción de sanitarios, construcción  de fogones ahorradores de leña, reforestación, y creación de barreras vivas contra la erosión con la siembra de magueyes y nopales.

Llama la atención que las autoridades concentren sus esfuerzos en reducir el impacto económico de una crisis ambiental y no haya el mismo interés en resolver las razones que dieron origen a ésta.